1. Venderla, la solución más fácil
Si la ruptura se salda
de una manera cordial y se llega a un acuerdo como el de Antonio y Esperanza,
su ya exmujer, la solución a través de los abogados suele ser sencilla, de
hecho, ni siquiera hace falta liquidar primero la sociedad de gananciales. En
cambio, si una de las partes quiere vender y la otra no, aquí empieza el
conflicto: “La disolución de la sociedad de
gananciales se puede tramitar dentro del procedimiento de divorcio o
separación, y es más frecuente llevarlo a cabo por la vía de mutuo acuerdo”,
explica María Olvido Carretero, Si no hay acuerdo, es necesario liquidar la
sociedad de gananciales y adjudicar el 50% de la copropiedad a cada uno de
ellos por vía judicial antes de intentar venderla. “Si vamos por la vía
contenciosa, es mucho más complejo encontrar el consenso y suele ser habitual
que la liquidación de gananciales se quede para una segunda parte, otro
procedimiento judicial posterior”, especifica Carretero. Pero… ¡cuidado con malvender! En la mayoría de los casos la urgencia de venderlo
hace que tengan que rebajarlo mucho incurriendo en pérdidas respecto al precio
al que lo compraron.
2. Comprárselo a tu pareja
Tras romper una
relación, los dos miembros buscan rehacer su vida y no es extraño que uno de
los dos se quede con ella. Vender el 50% de la propiedad a la otra parte será
una buena solución. “En régimen de gananciales se hace una disolución de la
sociedad mediante un inventario de los bienes y derechos que forman el activo, restando las cargas que componen
el pasivo, con una adjudicación de la cuota de propiedad de la vivienda del 50%
al otro”, “Se realiza mediante escritura
de disolución de otorgada por ambos ante notario, liquidando los correspondientes
gastos relativos a minuta de notario, al Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos jurídicos Documentados,
su inscripción en el Registro Civil y en el Registro de la Propiedad”
.
3. Compartir la vivienda
Puede que no haya nada
más incómodo como compartir la vivienda con tu ex, pero en algunos casos hay ex
a los que les queda más remedio. Aunque se separen y uno deje de pagar la
hipoteca, los dos siguen formando parte del contrato de préstamo hipotecario y
hasta que no lleguen a un acuerdo con el banco para extinguirlo y liquidar su
parte de deuda, “seguirá vigente y con la responsabilidad solidaria del pago de las cuotas impagadas”.
“Hay muchas parejas
jóvenes que se ennovian, se meten a firmar hipotecas y no están preparados para
compromisos de ese calibre. Es demencial. A los pocos años rompen y se ven
metidos hasta el cuello en un hipoteca a la que no pueden renunciar“, explica Mª Ángeles González, coach financiera. “El
grado de compromiso de una hipoteca a veces es mayor que el de un matrimonio y
más difícil de deshacerlo hoy o por hoy”.
4. Ceder el alquiler a tu cónyuge
Durante las disputas,
es habitual que uno de los dos abandone la casa de ‘sopetón’. “El que uno de
los dos deje físicamente la vivienda no significa que se le exima de las
obligaciones legales, como el pago de la renta, sus actuaciones y cualquier
otra obligación establecida en el contrato”, advierte Carretero. En el caso del
alquiler, si uno dejar de vivir en la vivienda, el otro podrá seguir viviendo
en ella siempre que el propietario reciba una notificación escrita del cónyuge, manifestando su voluntad de seguir con el
piso.
5. Dividir la vivienda en dos
En un caso real
reciente, una jueza de Sevilla permitió a una pareja divorciada dividir su casa
de 250 m² en dos: una con cuatro dormitorios y tres baños y otra, con tres
dormitorios y dos baños. La vivienda era propiedad de los padres del marido,
pero estos no habían emprendido acciones legales para desalojar a la exmujer de
su hijo y sus dos nietas. Tras el juicio, se ha dictado que el padre se haga cargo de las
obras “mínimas obras de adaptación” como condición para vivir en la segunda
vivienda.
Carretero además
explica que para que la división física se acomode a la realidad legal, hay que pasar por el acuerdo
unánime de la junta de propietarios para autorizar la segregación de la vivienda, proyecto de obras y licencias
municipales. También hay que hacer escritura de propiedad nueva ante notario
con las dos fincas, ajustándose a la nueva descripción física sobre
superficies, linderos y servicios, coeficiente de participación en elementos
comunes, y darlo de alta en el catastro inmobiliario. Por vía de hecho, si se
mantiene la hipoteca y la realidad de la división física de la vivienda, será
cosa de los cónyuges definir a quién le corresponde el pago frente al banco,
aunque ante un incumplimiento de pago la deuda caerá sobre los dos.
Fuente: Garcia-Pando.

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