lunes, 10 de noviembre de 2014

¿Qué hacer con la vivienda común en caso de divorcio?



1. Venderla, la solución más fácil
Si la ruptura se salda de una manera cordial y se llega a un acuerdo como el de Antonio y Esperanza, su ya exmujer, la solución a través de los abogados suele ser sencilla, de hecho, ni siquiera hace falta liquidar primero la sociedad de gananciales. En cambio, si una de las partes quiere vender y la otra no, aquí empieza el conflicto: “La disolución de la sociedad de gananciales se puede tramitar dentro del procedimiento de divorcio o separación, y es más frecuente llevarlo a cabo por la vía de mutuo acuerdo”, explica María Olvido Carretero, Si no hay acuerdo, es necesario liquidar la sociedad de gananciales y adjudicar el 50% de la copropiedad a cada uno de ellos por vía judicial antes de intentar venderla. “Si vamos por la vía contenciosa, es mucho más complejo encontrar el consenso y suele ser habitual que la liquidación de gananciales se quede para una segunda parte, otro procedimiento judicial posterior”, especifica Carretero. Pero… ¡cuidado con malvender! En la mayoría de los casos la urgencia de venderlo hace que tengan que rebajarlo mucho incurriendo en pérdidas respecto al precio al que lo compraron.

2. Comprárselo a tu pareja
Tras romper una relación, los dos miembros buscan rehacer su vida y no es extraño que uno de los dos se quede con ella. Vender el 50% de la propiedad a la otra parte será una buena solución. “En régimen de gananciales se hace una disolución de la sociedad mediante un inventario de los bienes y derechos que forman el activo, restando las cargas que componen el pasivo, con una adjudicación de la cuota de propiedad de la vivienda del 50% al otro”,  “Se realiza mediante escritura de disolución de otorgada por ambos ante notario, liquidando los correspondientes gastos relativos a minuta de notario, al Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos jurídicos Documentados, su inscripción en el Registro Civil y en el Registro de la Propiedad”
 .

3. Compartir la vivienda
Puede que no haya nada más incómodo como compartir la vivienda con tu ex, pero en algunos casos hay ex a los que les queda más remedio. Aunque se separen y uno deje de pagar la hipoteca, los dos siguen formando parte del contrato de préstamo hipotecario y hasta que no lleguen a un acuerdo con el banco para extinguirlo y liquidar su parte de deuda, “seguirá vigente y con la responsabilidad solidaria del pago de las cuotas impagadas”.

“Hay muchas parejas jóvenes que se ennovian, se meten a firmar hipotecas y no están preparados para compromisos de ese calibre. Es demencial. A los pocos años rompen y se ven metidos hasta el cuello en un hipoteca a la que no pueden renunciar“, explica Mª Ángeles González, coach financiera. “El grado de compromiso de una hipoteca a veces es mayor que el de un matrimonio y más difícil de deshacerlo hoy o por hoy”.

4. Ceder el alquiler a tu cónyuge
Durante las disputas, es habitual que uno de los dos abandone la casa de ‘sopetón’. “El que uno de los dos deje físicamente la vivienda no significa que se le exima de las obligaciones legales, como el pago de la renta, sus actuaciones y cualquier otra obligación establecida en el contrato”, advierte Carretero. En el caso del alquiler, si uno dejar de vivir en la vivienda, el otro podrá seguir viviendo en ella siempre que el propietario reciba una notificación escrita del cónyuge, manifestando su voluntad de seguir con el piso.


5. Dividir la vivienda en dos
En un caso real reciente, una jueza de Sevilla permitió a una pareja divorciada dividir su casa de 250 m² en dos: una con cuatro dormitorios y tres baños y otra, con tres dormitorios y dos baños. La vivienda era propiedad de los padres del marido, pero estos no habían emprendido acciones legales para desalojar a la exmujer de su hijo y sus dos nietas. Tras el juicio, se ha dictado que el padre se haga cargo de las obras “mínimas obras de adaptación” como condición para vivir en la segunda vivienda.


Carretero además explica que para que la división física se acomode a la realidad legal, hay que pasar por el acuerdo unánime de la junta de propietarios para autorizar la segregación de la vivienda, proyecto de obras y licencias municipales. También hay que hacer escritura de propiedad nueva ante notario con las dos fincas, ajustándose a la nueva descripción física sobre superficies, linderos y servicios, coeficiente de participación en elementos comunes, y darlo de alta en el catastro inmobiliario. Por vía de hecho, si se mantiene la hipoteca y la realidad de la división física de la vivienda, será cosa de los cónyuges definir a quién le corresponde el pago frente al banco, aunque ante un incumplimiento de pago la deuda caerá sobre los dos.

Fuente: Garcia-Pando.


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